Los hombres del Isla. Palabra de Hombre

alexander sertev sept.84El premio al regresar de una misión era en ocasiones permitirnos atracar* en el Muelle Internacional, el cual es parte directa de la Avenida del Puerto que rodea la bahía de la Habana. Dos o tres días a lo sumo, de ahí a fondear** en medio de la bahía o atracar en un muelle de Casablanca al otro lado.
Esa posición privilegiada te permite bajar del barco e insertarte directamente en la Habana pura y dura, la Habana del Puerto, sin lanchas de Casablanca de por medio, botes auxiliares, u otros medios para salir del barco o para regresar.
Eso nos encantaba a todos los marineros, eternos cazadores del más mínimo chance para salir de la plancha***.
Cuando atracábamos al muelle, luego de organizarlo todo , dos tercios de los oficiales podíamos bajar, y también aquellos marineros a los cuales les tocaba el pase de reglamento. El barco se quedaba bajo la custodia del Oficial de Guardia y este controlaba que nadie saliera sin permiso pues ponía en peligro el alistamiento de la dotación y la disposición combativa.
Sin embargo siempre había uno que otro marinero casado o con amores en la Habana o simplemente que tenia alguna familia en la ciudad, que procuraba una oportunidad, la cual se sólo podía dar desde las seis de la tarde hasta las cinco de la mañana del otro día, en los días de semana, pues debía cumplir el horario del día que comenzaba con la gimnasia matutina y el comandante no podía ni sospechar que durmió fuera. O bien un Sábado o un Domingo los fines de semana. Eso quedaba a discreción del oficial de guardia, el cual a veces resolvía, bajo su responsabilidad absoluta.
Esto me pasó un domingo.
Habíamos llegado el Sábado alas 1500 horas y después de arranchar****, todo al que le tocaba salió de pase. Me correspondía Oficial de Guardia el Domingo y desde los momentos de la navegación un marinero de cubierta, muy disciplinado y dispuesto me había hablado de su esposa embarazada y su falta de noticias.
Ya por la mañana me abordó directamente y me pidió pase y no encontré forma de negarme, aun cuando yo cometía la indisciplina que afectaba la disposición combativa.
Como para mantener tranquila mi conciencia le dije al marino,- mira te vas en la mañana, me dejas el teléfono, cualquier cosa te localizo y tienes que volar hacia acá, de lo contrario si no hay nada, a las 22.00 horas, llueva, truene o relampaguee estás abordo. -Dame tu palabra de hombre.
-Palabra de hombre teniente me dijo él. –
Así quedé tranquilo.
Y como se dice, el diablo son las cosas, a las 19.00 horas que son las 7 de la noche recibo la orden de abandonar el muelle y fondearme en medio de la bahía y desde ahí esperar órdenes.
Aplico el plan de aviso, comienzan a llegar los oficiales, se mueve el barco y se fondea en medio de la bahía.
Listo para cumplir misión.
La bahía de la Habana era en ese entonces una de las bahías, sino, la más contaminada bahía de Cuba, sus aguas pestilentes producto del desecho de albañales, industrias y la refinería, tenían un aspecto grasoso y el petróleo se asentaba en sus orillas, ahí ya no existía vida, ni siquiera las aves marinas podían resistir tanta contaminación, el ser humano que se sometiera a caer en sus aguas, estaba en grave peligro.

El Comandante al embarcar, me pidió el parte y le dije los que habían llegado, no me atreví a decirle que había autorizado indisciplinadamente a un marinero a ir a su casa. Sabía que me iba a ganar una buena reprimenda. Por eso me preocupé más cuando el Comandante comunicó que a las 0600 horas partiríamos a cumplir una nueva misión. Caramba pensé, me cogió la mala. Tengo que hablar.
Y así medio taciturno vagué buen rato por la cubierta y por el portalón, lugar donde está la escala para acceder al barco. Estaba buscando ideas, organizando la confesión de mi indisciplina. Y es entonces que hallándome recostado sobre la regala , taciturno y preocupado que escucho un chapoteo en el agua, todo estaba oscuro, eran cerca de las diez de la noche, y me pongo alerta, miro bien a la oscuridad del mar y observo un bulto, pegado a la escala que dice, teniente, teniente, estoy aquí.
Rápidamente descendí por la escala, lo identifiqué al instante, le tendí la mano y le ayudé a subir: En su mano izquierda , levantado, envuelto en un pedazo de nylon estaba su uniforme de pase, él, en calzoncillos.
Se había lanzado a la bahía y nadando casi media milla, entre las fétidas aguas había llegado a tiempo al barco y cumplido su compromiso.
-Estás loco muchacho- le dije.
-Oiga teniente, yo le dí mi palabra de hombre, primero muerto que permitir que usted se complicara.
-Bien. Vaya , aséese y descanse. Ordené.
-A sus ordenes teniente. Alegre tintineó la respuesta.
De esto nunca se enteró el Comandante, tampoco lo comenté con nadie, si hoy se entera, ya pasaron treinta años, la causa esta sobreseída. Pero a mi y seguro que a aquel marino jamás se nos ha olvidado.

*atracar. Pegarse un barco a un muelle o espigón
**fondear. Tirar las anclas y quedarse fijo en el mar o dentro de una bahía.
***Plancha. Los marineros de barcos grandes le dicen la plancha en referencia a la cubierta hecha de planchas de acero.
****arranchar. Limpiar y organizar.

2 comentarios

    • RRV Cuba 62 en 3 septiembre, 2019 a las 9:18 PM
    • Responder

    Yo también tengo una confesión estando de guardia por la madrugada fondeado en la Habana al portalón se le fue el bote y tuve que tomar la decisión de tirarme a esa bahía nadar hasta el bote y no poderlo arrancar por el cansancio y frío que estaba el motor,cuando regrese a remo al barco le dije al marino de guardia en el portalón, nadie se puede enterar y se te vuelve Air te tiro yo a ti, nadie lo sabe

      • rafael en 22 octubre, 2019 a las 10:52 AM
      • Responder

      Tu eras tan buena gente como yo Ramiro, jajajajajaj

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