Los Hombres del Isla. El Flaco.

Llegó asignado a nuestro barco directo de la previa para suplir a un ayudante de cocina que había cumplido su servicio. No traía mucho equipaje y se veía por encima del uniforme que era un guajirito bien guajiro. Demostración de que en ese tiempo aun no se había descubierto la piña. Era alto y flaco como una vara de tumbar telaraña.
En la cubierta del barco había un banco de pesas, en el poco tiempo libre, por la tarde, después de la faena los marineros hacían ejercicio. La buena alimentación y otras razones obraban rápidas transformaciones en sus cuerpos que en los que llevaban más de seis meses a bordo ya era robusto y vigoroso.
Por eso el flaco desentonó en aquella tropa, verdad que estaba que daba grima.
Asumió su tarea con responsabilidad y aparte de una u otra broma ligera que resistió con estoicismo, se adaptaba rápidamente al colectivo. Comía como dos hombres juntos.
A los novatos siempre se le hacen maldades al inicio, es tradición en el mar, al flaco le tocó rápido la suya.
A los pocos días de estar abordo salimos a cumplir una misión. Era el mes de octubre y en esa fecha el mar siempre está en candela. Nuestro barco por un problema de diseño tenía una estabilidad dura. Esto significa que su metacentro, o sea el centro de gravedad estaba mas bajo de lo normal, como una matriosca rusa si la mueves a un lado, regresa a la posición original en mayor o menor tiempo, en nuestro caso regresaba rápido por lo que los bandazos y los pantocasos eran violentos, de mas está decir el mareo que esto provocaba.
En esos días de mar malo, casi nadie comía comida, jugos y galletas eran el sostén, aunque había que cocinar a como fuera, porque el comandante siempre se sentaba a la mesa aunque fuera a probar la sopa.
El terror de la gente de la cocina era ir a la Gambuza que es el almacén de la comida y se encontraba debajo del castillo de proa, el lugar que mas se mueve en un barco. El que entraba ahí mientras se estaba navegando con mar fuerza tres o cuatro no resistía tres minutos, cada vez que la proa subía y bajaba violentamente te entraba un frío en el estómago peor que en una montaña rusa. A esto súmele el olor de la comida.
Creadas las condiciones para la broma, informados casi todos los participantes, el cocinero llamó al flaco y le entregó la lista de lo que debía buscar para la comida, se la hizo larga ex profeso.
Partió el flaco a cumplir su tarea y nos quedamos esperando para verlo regresar enseguida, pálido , vomitando y con las manos vacías. Estaban preparadas todo tipo de carcajadas.
Pasaron unos cuantos minutos y nada. El cargo de conciencia comenzó a invadirnos, se habrá desmayado el flaco, apretamos caballero, este hombre nunca ha navegado ni en la lanchita de Regla.
Decidimos ir a rescatarlo, el mar estaba malo e ir a la gambuza era como quedarse tres semanas sin pase, pero allí estaba el flaco y no sabíamos en que condiciones. Partimos cuatro, los mas aprehensivos, entre ellos el jefe de Intendencia, que era además el Tercer Oficial de Cubierta.
Llegamos dando traspiés por el estrecho pasillo que conduce a tan vapuleante lugar, la puerta de la nevera estaba entreabierta, a duras penas penetramos, preparados para encontrarnos al flaco en malas condiciones y lo encontramos.
Sentado sobre unas cajas de latas de sardina, con todos los encargos que le hicieron ya preparados en un saco, el flaco saboreaba tranquilamente un pedazo de queso amarillo que había cortado con una pequeña cuchilla que traía.
-Lo estaba probando teniente, balbuceó sorprendido.
-Dale flaco que el cocinero te está esperando, fue lo único que escuché decir.
A partir de ahí se acabó el relajo con el flaco.
Cuando le hice los papeles al flaco para recibir el beneficio de la orden 18 y entrar a la preparatoria para la universidad, ya no había porqué decirle El Flaco: La faena,la comida,las pesas: el Servicio, habían hecho lo suyo.

2 comentarios

    • Lidia San en 29 octubre, 2013 a las 3:05 PM
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    Saludos, interesante artículo, los hombre de mar siempre tienen historias pocos comunes. Buen día.

    1. Buen día a usted también, con esta evocación de mis primeros años de juventud cumplo un compromiso con mi hija a la cual un día dije que le iba a escribir los cuentos que yo le hago, pero también con mis compañeros de esa época, tan diferente a la de hoy. Comencé por lo mas sencillo y las iré desgranando según me baje la musa , si esta me abandona , pues hasta ahí llegamos. De todas formas algo es algo.La vida no me permitió seguir siendo marinero , pero mis recuerdos los llevaré siempre. Muchas gracias por su amable comentario.

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