Lo que dió origen a Gibara

Desde la segunda mitad del siglo XVIII, los cabildos holguineros tomaron el acuerdo para recomendar la construcción de una batería en el puerto de Gibara, con el fin de resguardar a éste de los ataques de corsarios y piratas, muy frecuentes por esa época.
El 16 de enero de 1817 se coloca la primera piedra de la Batería que llevaría el nombre de “Fernando VII”, en honor al rey de España de esa época, y se concluyó el 2 de junio de 1818, con un costo inicial de 10 073 pesos y 4 reales. Esta fortaleza se construyó en el promontorio conocido como Punta de Yarey, de frente al mar, franqueando la boca de la Bahía de Gibara, lugar desde donde se podía hacer fuego a las embarcaciones aunque éstas se encontrasen a gran distancia, mar afuera, en una zona de la costa donde se hacía difícil el desembarco por ser muy abrupta y batir el mar con gran fuerza.
La Batería “Fernando VII” se hizo separada de la tierra por un foso y el acceso es a través de un puente levadizo de madera. La construcción se pronuncia hacia el mar protegida por un parapeto circular formada por dos muros de mampuesto de 0.50 metros cada uno, separados entre sí por un relleno de 0.80 metros de tierra y piedra.
Los muros de mampuesto de las naves que forman dicha construcción tienen 0.50 metros de espesor. Sus techos en colgadizos, con alfardas de madera, encima presenta un entablamento, terminando el mismo en tejas criollas. Sus puertas y ventanas son a la española, estas últimas están protegidas por rejas de hierro.
La guarnición de la batería estaba compuesta por un sargento primero, dos segundos, un tambor, cuatro cabos primeros, cuatro segundos y cuarenta y ocho soldados.
El armamento con que contaba era de tres cañones de hierro calibre 24.2, con proyectiles de a 8 y uno del calibre 4, los que miraban hacia el mar, además poseía un cañón calibre 12, que estaba dirigido hacia la tierra, y treita fusiles. Este armamento no se conserva en la actualidad.
En 1830 la batería tuvo que ser reparada en muchas partes, se labraron y colocaron 600 estacas, se colocó una puerta enrejada, además, se pusieron a un mismo nivel el terreno de la plaza de la fortaleza y el de todas las comunicaciones interiores. Se demolieron los pilares exteriores y se rellenaron los muros de la entrada del puente a ambos lados. De igual forma se enladrillaron todas las banquetas y escaleras de acceso a la explanada principal. Se abrieron tres semicírculos en ellas, donde se colocaron nuevos miradores, cerrándose los ángulos.
Posteriormente se asignaron nuevos presupuestos, todos en beneficios de la fortaleza, hasta que en 1863 aparecen documentos que se refieren a la demolición de la batería, planteándose que la misma no tenía capacidad para los jefes, oficiales, presos y detenidos que la habitaban. Sin embargo esta orden no llegó a cumplirse y en 1875 fue ampliada nuevamente.
En la primera mitad del siglo XX estuvo ocupada por la marina, por lo que sufrió modificaciones. Luego del triunfo de la Revolución, fue utilizada por el Instituto Nacional de Pesca, pasando posteriormente a manos del entonces Consejo Nacional de Cultura para su cuidado y conservación , declarándola en 1965 como monumento con clasificación de “A”.
En 1988, esta construcción militar se restauró, eliminándose las variaciones que en más de cien años se le hicieron y reponiéndole su aspecto original.
Un nuevo proceso restaurativo se le practicó en el inicio del siglo XXI, donde se le incorporó portal a las dos naves interiores producto de la investigación y hallazgo del proyecto original, encontrado en el Museo Militar de la Coruña, en España.

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